Cicatrices

Corre la voz
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Todas tenemos nuestras cicatrices. Yo tengo las mías, las típicas de infancia. Mis rodillas tenían el don de saber cómo encontrarse con las puntas de las piedras. O cuando, a los ocho años, me planché (literalmente) la barriga con la plancha de la ropa.
Mi madre tiene un gran complejo por las cicatrices de infancia que tiene en las piernas. Nadie nos ha enseñado a cuidarlas, a lidiar con ellas, ni las físicas ni las emocionales.
En este caso quiero hablar de las cicatrices dejadas tras los partos. Esas causadas por una atención protocolaria y desactualiza. Las que puedes esconder tras una sonrisa y decir “todo está bien, tengo a mi bebé sano en brazos”.
Se puede tener una episiotomía no consentida, una cesárea inesperada (necesaria o no), un desgarro…
Todo se queda ahí, bajo la ropa, bajo la piel. Las puedes esconder tras el traje de baño.
En una cicatriz no hay solo un enredo de moléculas de colágeno mal alineadas sino también un enredo de sentimientos. Rabia… dolor… enfado… tristeza… miedo… más rabia y muchas dudas: ¿me lo merecía? ¿soy la responsable por ello aun habiendo suplicado que no me la hicieran?…
Me pregunto ¿Qué sistema sanitario es ese que encima consigue que salgas del paritorio o del quirófano con la culpa bajo el brazo?
Lo que he visto en estos años de acompañar y atender a mujeres es que esas cicatrices son emocionalmente tan dolorosas que se transforman en partes del cuerpo que no se tocan.
Me gustaría decir que, para el cerebro, lo que no se toca no se ve y lo que no se habla no existe. Con lo cual, al ignorar esa zona el dolor se queda ahí, atrapado en esos tejidos que no se mueven, que no se oxigenan, que no son tocados. El dolor reaparecerá una y otra vez en las relaciones sexuales o en algún movimiento que hagas.
Al no tocarte, los tejidos de la cicatriz no reciben nueva información y se quedan con el último recuerdo que tengan: el daño.
Por eso, descubre tu cuerpo, masajéalo, utiliza un espejo y reconoce lo que ya no es igual que antes y poco a poco intégralo en tu nuevo cuerpo.
Algunas mujeres hasta se plantean si volver a quedarse embarazadas por miedo a pasar por todo otra vez.
Los dolores en las relaciones sexuales, la tirantez, las alteraciones de sensibilidad y los dolores a la palpación NO SON NORMALES y no deberías acostumbrarte a ellos. En nuestra sociedad fuimos acostumbradas a callar lo que nos pasa pero calladas NO estamos más guapas.
Dentro de la fisioterapia tratamos las cicatrices con distintas técnicas y junto con el trabajo que hagas contigo misma llegamos a buen puerto. En la mayoría de los casos se recupera la elasticidad de los tejidos y se normalizan las funciones musculares. Busca tu calidad de vida.
Empieza por un pequeño gran paso, empieza reconociendo lo que ahora es. Empieza por mirarte a ti.

Quiero recordar que la OMS aconseja la limitación del uso de la episiotomía y que en España se practica de forma rutinaria y muchas veces, SIN el consentimiento de la mujer.Si quieres saber más sobre la episiotomía, aquí lo puedes encontrar.

Ana, Doula y fisioterapeuta en Madrid.

 

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