Yo, que no soy madre, no sé nada y me pierdo en mi ignorancia maternal.

Retomo la web y el blog, después de dos años, con la intención de publicar información sobre mi trabajo como fisioterapeuta y doula.
No soy muy dada a publicar cosas que escribo porque el escribir no tiene «tono» y puede generar confusiones, pero intentaré dedicarme a ello por segunda vez.
Tengo una lista de temas por tratar que me parecen importantes (estoy en ello, os lo prometo). Falta mucha información sobre el suelo pélvico y quiero aportar mi granito de arena, pero hoy me ha llegado una noticia que me ha puesto los pelos de punta, con lo cual hago un paréntesis y retomo el blog comentando esa noticia, que para mí es escalofriante.
Yo no soy madre, con lo cual opino sin «criterio maternal».
La noticia viene de la mano de un psiquiatra, al parecer, con una reputación estupenda, hijo de «Alguien», con mayúsculas, y con más de cuarenta años de experiencia. Miedito me da cuando alguien se presenta así. Aún más si trabaja con niños.
Pues bien, la entrevista no tiene desperdicio, aunque la papelera le sienta de perlas. En ella, el señor en cuestión suelta frases como «la educación de un niño consiste en darle dos palmadas en  el culo y dos terrones de azúcar. Hay que frustrarlo a los dos o tres años y crear hábitos de conducta y disciplina.»
Compara su educación (la de hace más de cincuenta años) con la de los niños de ahora diciendo: «cuando yo llegaba a mi casa del colegio La Salle y me habían dado un reglazo o un tortazo, me daban otro porque razón tendrían en el colegio para haber actuado así conmigo.»
Ese señor también recomienda una escuela de padres donde estos sepan qué hacer y CÓMO FRUSTRAR a sus hijos.
Bien, algo me he perdido por el camino. Seguro que es por mi ignorancia maternal, al fin y al cabo no tengo formación en educación infantil, ¡ni hijos tengo!
Trabajo en el mundo de la maternidad y entre mis clientes tengo de todo; colecho, no colecho; que si guardería sí, que si guardería no; teta sí, teta no…
Aprendo sobre maternidad cada día con todas esas mujeres que me rodean y ese aprendizaje se mezcla con mi instinto maternal, que hasta hoy no se ha desarrollado en mi práctica personal.
Es un handicap para mí no tener hijos y trabajar en el mundo de la maternidad, pero empatizo con mis clientes y las escucho desde el corazón, compartiendo o no la misma filosofía.
Desde mi punto de vista «no maternal» veo muchas cosas. Cosas que me remiten a mi propia crianza y que me revuelven el estómago. Relaciones que sanan, mujeres que superan sus propias heridas al cuidar y amar a sus hijos.
Veo toda una nueva generación de mujeres (y hombres) que buscan criar a sus hijos con todo el amor y libertad que no tuvieron ellas en su momento. Veo también padres y madres que han tenido hijos porque era lo que tocaba, «lo que pedía la sociedad», relaciones llenas de vacío emocional, de niños «libres» y solitarios que efectivamente hacen lo que quieren con tal de que no molesten a sus padres.
Me ha chocado mucho leer a ese señor psiquiatra de Tenerife. Solo me venían preguntas a la cabeza. Quizás podamos escribir un artículo contando lo siguiente: «Oiga, si su mujer no le pone la mesa del desayuno como a usted le gusta, quizá deba darle un par de tortazos para que aprenda y para que sea una bella y frustrada mujer». La violencia de género no está bien vista, luchamos para que las mujeres denuncien a sus agresores, ¿y los niños? No creo en una educación sin límites pero pienso que los límites se aprenden poco a poco con la convivencia, con el entendimiento de que el otro existe y, principalmente, que un niño aprende a respetar cuando es respetado. ¿De dónde me saco eso si no soy madre y no sé nada sobre educar a un hijo?
Pues lo saco desde el entendimiento de que soy un ser humano, entiendo mis necesidades, entiendo lo que es no tener mis necesidades suplidas, entiendo cuándo no soy bien tratada, me duele y no me gusta. Un niño no es muy diferente a mí.
A mí que me den dos hostias no me arregla la vida, no me hace ser mejor persona y, desde luego, no me hace tener más respeto por alguien. ¿De dónde sacan que a un niño sí? ¿Por qué un niño es un ser tan inferior que necesita ser adiestrado y moldeado a tu burricie y semejanza? «Rebájate» a la sencillez de un niño y serás grande.
¿En qué tipo de adultos se convertirán los niños educados con tortazos cada dos por tres? Si yo como niño entiendo que mis padres me pegan «porque me aman» entonces ¡lo lógico es que pegue a mis amigos y a mis parejas! ¿El dañar al otro, el castrar y frustrar a alguien a quien quiero es la perfecta expresión de mi afecto por ti?
¿Qué pretende ese señor enseñar en su escuela de padres? «Hola, soy tu padre. Te cortaré las alas para que entiendas que no eres el centro de mi mundo, para que no vueles y entiendas que debes ser mediocre como yo. Hazte pequeño, no tengas sueños, no creas demasiado en ti».
Hay una inmensa gama de colores entre imponer límites, la crianza con apego y el dejar que los niños hagan lo que quieran.
Os pido por favor que firméis esta petición pública a la Dirección General de protección del Menor y la Familia.

También aprovecho para compartir con vosotros un estudio sobre las consecuencias de los azotes en los niños, realizado en Nueva York y publicado en Medline. Muchas de nosotras vemos claramente las consecuencias que pueden tener los azotes pero deseo que los estudios científicos puedan abrir las mentes nubladas por falta de conocimiento.
Si necesitas pegar a tus hijos quizás debas acudir a terapia pero, por favor, no vayas a la consulta del señor Loño; no le pagues su chalet.

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